El Diario de la Costa

Internacionales

Miércoles 15 de agosto de 2012

Los motes de Chávez a sus rivales

Desde la campaña de 1998 contra el «frijolito» Salas hasta la actual contra el «majunche» Capriles, el presidente venezolano ha buscado en adjetivos y hasta insultos un arma electoral eficaz

Desde la campaña de 1998 contra el «frijolito» Henrique Salas hasta la actual contra el «majunche» Henrique Capriles, el presidente venezolano, Hugo Chávez, ha buscado en adjetivos, epítetos y hasta insultos una estrategia que analistas ven orientada al voto chavista y a construir un «enemigo».

Curtido políticamente en tres procesos electorales en los que ha conquistado el favor popular en las urnas, Chávez vuelve a echar mano de expresiones comunes del venezolano para denominar «majunche» (mediocre) a su rival y, por extensión, «majunches» y ya no «escuálidos» a sus opositores.

El antiguo teniente coronel que en 1998 ganó al poder de la mano de su movimiento Quinta República ahora busca la reelección para un cuarto mandato consecutivo con el fin de «traspasar la barrera de la irreversibilidad» y hacer que la revolución socialista que encabeza «no tenga vuelta atrás». Para el experto en comunicación y profesor universitario Andrés Cañizalez, la estrategia de Chávez se ha basado a lo largo de sus campañas en un discurso que «permanentemente adjetiva» y con el que intenta «descalificar a sus adversarios». «Logra posicionar un adjetivo que se convierte como en una suerte de lema de la campaña», agrega el experto, quien considera que con este lenguaje Chávez «busca unificar a sus seguidores», darles un contenido, una identificación y «un enemigo».

Además, subraya que, al igual que en 2006, sus mensajes audiovisuales se orientan hoy al corazón venezolano mientras entonces hablaba de «por amor. De ahí que su verbo ha alcanzado estos años a opositores «escuálidos», palabra que introdujo en 2001 en el léxico del chavismo, e incluso traspasado fronteras con episodios como el cruce de descalificaciones que protagonizó en 2006 con el expresidente peruano Alan García. A García le tildó de «corrupto y ladrón de siete suelas» después de que el entonces candidato le calificara de «sinvergüenza».

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