Miércoles 17 de agosto de 2011
En Las Peñas, vive Guillermo Marino Córdoba. Un hombre de 66 años que día a día sale de su casa a las 06:00 de la mañana, camina al costado de la Ruta Nacional 75 unos 5.000 metros hasta llegar al puesto, lugar donde atiende una majada de unas 150 cabras aproximadamente….
En el puesto, se queda pasa todo el día. Allí almuerza, a veces se acerca hasta un “bañado”, lugar donde lleva a cabo la siembra de maíz y zapallo, claro que solo en época estival.
Marino, cuenta que vive en el pueblo hace más de 30 años, sin poder recordar con exactitud el momento en que llegó acompañado de su madre. Desde el momento en que falleció su madre, vive solo, en una muy precaria vivienda, solo por llamar de alguna manera, tratándose casi de un mono ambiente. Hace un tiempo atrás, la Municipalidad había iniciado la construcción de un baño, el que hoy por hoy no está instalado y al que le falta que se le instalen elementos como el lavatorio o se habilite el depósito de agua del inodoro por ejemplo en una obra inconclusa en definitiva.
La vivienda de Marino, no tiene ventanas. Solo unos cartones tratan de apaciguar las bajísimas temperaturas de este invierno y de otros treinta y tantos que ya pasaron. El techo es de caña y el piso es de tierra. Tampoco tiene el espacio físico al que todos llamamos cocina, donde pueda preparar algunos alimentos. Marino, generalmente comparte la mesa con otra familia del lugar. Cabe aclarar, que durante todo el día se encuentra en el campo y regresa muy tarde, después de encerrar los animales.
Marino, no solo debe soportar la soledad. También soporta el olvido total de quienes deberían velar por una vida mejor para él. Atendiendo mínimamente aspectos relacionados con su salud, con la seguridad social, etc., etc.
Con 66 años a cuesta, ha dedicado su vida a la cría de animales y a la siembra, no logrando nunca alcanzar un trabajo formal, que le permita gozar de todos los beneficios que ello encierra.
Aunque resulte difícil de creer, Marino no tiene, no percibe, ningún tipo de remuneración por ningún concepto. Y, en este caso, ningún significa lastimosamente…nada..
Marino, recuerda las mentiras que a lo largo de su vida le han realizado en tiempos de campaña política, afirmando que después nadie lo visita con las respuestas, hoy no recibe asistencia social como: los bolsones o los ticket alimentarios, también recuerda que hace dos años debía someterse a una intervención quirúrgica y que al pedido de ayuda efectuado, la respuesta recibida fue: no hay fondos para ayudarlo.
También comenta que en una oportunidad, le habían iniciado un trámite jubilatorio por invalidez, pero al ver que nadie venía para informarle sobre el avance del mismo, un día, después de doce meses se presentó en la oficina de la ANSES para saber que había sucedido, pero desgraciadamente le dijeron que sus papeles habían sido devueltos. Hace poco tiempo inició personalmente los trámites para acceder al Programa Jubílese con o sin aportes donde espera finalmente poder acceder al ingreso mensual.
Pero, mientras se desarrolla la conversación, Marino dice: menos mal que soy solo, es decir que no tengo familia, hijos o esposa. Mientras dice esto, sus ojos se humedecen notablemente a punto de escaparse y obliga a realizar una aclaración al sostener que esto solo lo dice, porque su pobreza él puede soportarla, pero sería muy triste vivir con una familia en estas condiciones.
Marino, tiene marcas que la vida le va dejando, y a pesar de todas sus carencias, mantiene viva la esperanza de que algún día aparecerá alguien que le tienda una mano. Sin embargo sostiene: si me dan bien y si no, seguiré como siempre sin molestar a nadie.
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